Prostibulo infantil prostitutas en siguenza

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Le dije que no. Le había pagado 60 a Estela, pero ella solo me dio 40 a mí. Atendía a unos 5 o 6 clientes al día. Me pagaban 30 o 40 dólares y Estela se quedaba con 10 o 20 dólares.

Estando ahí me enfermé. Fui a una clínica y me dijeron que era papiloma. La investigación iniciada en culminó, el 15 de octubre de , con las condenas de varios de esos rufianes. Una de las condenadas entonces fue Blanca Hermelinda Montiel Benítez, a quien hoy la Fiscalía atribuye haber prostituido a Natalia: Martínez, cuya Fiscalía procesó y logró la condena de los rufianes de la red, evitó perseguir a los clientes. En la presentación que hizo en esa conferencia de prensa, la Fiscalía facilitó a los reporteros presentes un documento en el que se lee: No es la primera vez que subalternos del actual fiscal, Douglas Meléndez, cuestionan las acciones del titular anterior de la Fiscalía.

Y no es la primera vez que se sabe de investigaciones obviadas u obstruidas por Martínez. Conocí a Beverly en octubre de Yo estaba con Estela Lourdes. Le dije que necesitaba trabajar y ella le habló a Beverly. Quedamos de vernos en el Kentucky Fried Chicken de Metrocentro.

La primera vez que la vi había otras cheras, una se llamaba Doris y era menor de edad. Ese día le llamó un cliente; Beverly nos dijo que saliéramos al parqueo de Metro porque el cliente iba a vernos y a escoger. Me escogió a mí. Me pagó 30 dólares y Beverly se quedó con Beverly me consiguió unos 40 clientes. Yo tenía 16 años. Cuarto de una residencia privada en la que Natalia fue prostituida entre y Foto tomada de presentación de la FGR.

Un día, en diciembre de , Beverly me llamó. Yo estaba en mi casa. Me dijo que había un cliente, que tomara un taxi a una gasolinera de Santa Elena y que ahí me iban a ir a traer. El cliente se llamaba Ernesto Regalado.

Llegó un guardaespaldas de ese señor en un pick up verde. Cuando entré a la casa vi que ahí estaba Beverly tomando un trago. Después nos dijo que íbamos a jugar un juego de quitarse la ropa. Yo me quedé desnuda. Ernesto se enojó y me pegó. Me tomó del pelo. Uno de los guardaespaldas me llevó al parqueo del Holiday Inn. Me pidieron un taxi.

Yo estaba muy borracha. A Valeria la investigación identificó a esta mujer como Carla Yamileth Iraheta, de 27 años en , cuando fue una de las proxenetas condenadas en octubre de ese año por trata de personas también la conocía en el Kentucky.

Ahí conocí a mucha gente de las que sacaban cheras para clientes. Les dije que iba a ir, pero les pregunté cómo iba a hacer para que el cliente pensara que yo era virgen. Yo tenía 17 años. Cuando llegamos al lobby Valeria se fue a un cuarto del hotel donde estaba el cliente.

Regresó a los 25 minutos y me explicó lo que tenía que hacer: Me dio cinco algodones en forma de bolas que ya estaban preparados. Me dijo que me metiera en la vagina dos que estaban limpios y que solo tenían lubricantes. Valeria me dijo que los algodones rojos llevaban pintura. Me explicó que cuando el cliente me penetrara le iba a costar por los algodones y que el algodón rojo lo iba a manchar y el cliente iba a creer que estaba virgen. Me llevaron al cuarto del hotel, pero antes de entrar Valeria me quitó el maquillaje y una cola que yo andaba en el pelo; me hizo el peinado del lado.

Yo hice todo lo que me dijeron con los algodones y el cliente creyó que yo era virgen. Cuando se manchó le dije que yo ya no podía seguir. Pero antes de dejarme ir me dijo que le hiciera sexo oral. Me pagó los dólares y me dijo que a Valeria le había dado otros , pero después yo le tuve que dar otros 50 de lo mío para darle a René.

Al final a mí solo me quedaron 90 dólares. Me la presentó Blanca Hermelinda Montiel Benítez, alias Marillona, condenada a 20 años de prisión por dos casos distintos y a quien hoy la Fiscalía señala como la proxeneta que abastecía de prostitutas al imputado Ernesto Regalado. Una vez, Sheila me llevó a la colonia Shanmico de San Salvador. Fuimos en un taxi a la casa de un cliente que se llamaba Sergio. Esa vez me tomé diez cervezas y me dieron cocaína. Al señor al que le dicen Gordo Max lo había conocido poquito antes, en octubre de Ruth me dijo que me iba a llevar donde un cliente, pero me dijo que íbamos a ir de escondidas para no pagarle comisión a Beverly, que era la que me había presentado a Ruth.

En una versión anterior del testimonio de Natalia, que Factum cotejó con el requerimiento presentado para certificar que se trata del mismo relato, la víctima se refiere al cliente como Gordo Max. La Fiscalía, hoy, dice que investiga por qué esa institución ofreció beneficios al presentador de televisión, estrella de la televisora TCS. Esto dijó un testigo en como parte de la investigación a GordoMax relacionada con prostitución de menores.

El cliente llegó en una camioneta. Nos subimos y él se fue a otra gasolinera a sacar dinero. El hombre le pagó dólares a Ruth, de los que ella me dio Me fui solo con él a su casa. En el cuarto me dio una toalla para que me fuera a bañar.

Cuando tuvimos relaciones sexuales me pidió que le dijera que yo era su perra… En fin, solo vulgaridades. A finales de ese mes de octubre conocí a un chero al que solo le decían Grimaldi.

Después supe que se llama Daniel Armando Pérez Bonilla. También en el Kentucky de Metrocentro. Yo le pregunté si él sacaba cheras con clientes y él me dio su teléfono. Yo le llamé varias veces para ver si me podía sacar. Una vez me llevó donde un cliente en el bulevar Constitución. Poco después, ya entrado noviembre, cumplí 18 años.

Cuando yo ya era mayor de edad seguí saliendo con cuatro clientes de Grimaldi. Uno de ellos me pagó una vez 60 dólares y me dijo que era alcalde. Fue con uno de esos clientes que yo empecé cobrar comisión por otras cheras. Grimaldi llevó al Kentucky de Metrocentro a una que se llamaba Madelin y él me dijo que si yo quería le sacara uno de mis clientes a ella. Un cliente que se llama Alex se llevó a la Madelin y le pagó 70 dólares; yo me quedé con Me dijo que unas eran mayores y otras menores de edad, y que a algunas él las sacaba a Honduras y Guatemala.

Dos veces me ofreció Grimaldi llevarme a Honduras; la segunda vez le dije que sí, pero ya cuando me fue a traer me dio miedo, así que le conseguí a otra amiga mía a la que le decíamos Merci y Paola. Cuando volvió ella me contó que por un solo cliente había ganado dólares. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular. Se calcula que chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato.

Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. Casi no se las ve. Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias.

Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas.

Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros.

Se calcula que son A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho.

En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: Les quitaron el pasaporte.

En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España se calcula que son En nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente. Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano.

Cada día tenía una misión: Un servicio son 20 euros, pero no siempre. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera.

prostibulo infantil prostitutas en siguenza Después supe que se llama Daniel Armando Pérez Bonilla. Personeros de recursos humanos, Jefaturas intermedias, otros, abusan sexualmente de mujeres buscando trabajo. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van No tienen ellos también cierta responsabilidad? El cliente se llamaba Ernesto Regalado.

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